LA PANZA LLENA NO GARANTIZA DIGNIDAD
Antes que lean estos pensamientos, sepan que soy empresario, tengo 55 años. Un industrial que ha lidiado con lógicas que no funcionan, las mismas que atraviesan mercados y gobiernos que hace tiempo dejaron de garantizar la dignidad humana. ¿Estamos dispuestos a revisar las prácticas que sostienen este fenómeno global?

¿Hay relación entre el hambre, la dignidad, el desarrollo?
En Paraguay –así como en la mayoría de los países de nuestra región– tenemos un programa llamado Hambre Cero. Una iniciativa ciertamente necesaria para garantizar una necesidad básica: la alimentación, especialmente de nuestros niños.
Me pregunto hace un tiempo: ¿qué pasaría si un gobierno reconoce que la dignidad de su gente no es un paso posterior a dejar de tener hambre? Y quienes afectan la dignidad de las personas en una nación?
En Francia las personas que salieron a hacer lo que hicieron –en los últimos disturbios– , no tenían necesariamente hambre, sin embargo muchos de ellos hablaron de no sentirse reconocidos, escuchados.
Sucede que nos enseñaron a imaginar el Desarrollo como una secuencia casi mecánica:
primero alimentación,
luego educación,
después empleo,
luego mejores ingresos
y finalmente una vida digna.
¿Qué viene primero, la dignidad, el hambre, la seguridad?
Una persona puede estar bien alimentada y sentirse humillada.
Puede tener empleo y sentir miedo diariamente.
Puede tener un padre y sentirse desvalorizada todos los días.
Las necesidades humanas no son cuantificables y menos jerarquizables.
No se satisfacen una tras otra. Es más complejo que lo que Maslow no intentó mostrar.
Somos seres relacionales. Nos construimos permanentemente en nuestros encuentros, en nuestras formas de convivir, trabajar, escuchar y reconocernos.
Las necesidades son simultáneas, interdependientes y finitas. Todas coexisten y se satisfacen de manera integrada. Podemos tener hambre pero sentirnos reconocidos, parte de algo mejor. Y es precisamente allí donde, por ejemplo, la dignidad puede ser reconocida o negada.
Don Eulerich, ahora sospecho por qué no hay programas diseñados por expertos para articular, gesionar, visibilizar la dignidad o la falta de ella en la vida de las personas, que no son pocas.
Así es Máximo, es una invitación a preguntarnos cómo estamos participando todos en la construcción de relaciones que permiten o impiden a las personas sentirse valoradas, reconocidas y escuchadas. Porque nuestras buenas intenciones no garantizan relaciones dignas. Podemos alimentar, educar, liderar, mientras seguimos decidiendo por otros, sin ellos.
Tal vez el desafío no consista solamente en mejorar lo que ofrecemos a las personas, sino en transformar nuestras formas de relacionarnos con ellas.
Hambre Cero atiende una necesidad fundamental, claro que sí.
Un programa para trabar la dignidad nos invitaría a revisar lo incómodo.
Ahora comprendo mejor, la dignidad no viene después del alimento, de la educación, del empleo ni del crecimiento económico. Está en juego desde el primer encuentro. ¿Y de dónde vienen estas ideas, Don Christian?
Maslow fue un adelantado en 1943. Pero el tiempo ha pasado, sin embargo, nos quedamos trancados con esa idea tan primitiva de las necesidades humanas.
Parece que entonces no tiene mucho sentido seguir luchando solamente contra el hambre sin atrevernos primero a cuestionar nuestras propias maneras de relacionarnos.
Don Christian, no se enoje, pero cómo puedo saber en qué creer. Porque lo suyo es raro de leer y encontré información que desmiente lo que decís.
Máximo, esto ya me lo dijiste antes. Siempre habrán encuestas, papers, premios, relatos para lo que vos prefieras creer. Además, no se trata que tenga la verdad, sino que podamos conversar verdades donde todos quepamos. Algo que funcione y emprendamos juntos. Eso busco.
Christian Eulerich
PD: Esta es solo mi opinión. Hay temas que, al conversarlos, movilizan nuestras creencias de vida más profundas. Mis escritos están asociados a esta dificultad; plantear lo incómodo de la economía. Encontrar personas dispuestas a abordar estos fenómenos no es sencillo.



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