OPINAMOS SOBRE TODO, NO IMPORTA EL TEMA
- 16 dic 2024
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Actualizado: hace 6 horas
Antes que lean estos pensamientos, sepan que soy empresario, tengo 55 años. Un industrial que ha lidiado con lógicas que no funcionan, las mismas que atraviesan mercados y gobiernos que hace tiempo dejaron de garantizar la dignidad humana. ¿Estamos dispuestos a revisar las prácticas que sostienen este fenómeno global? En este blog comparto reflexiones asociadas a este fenómeno.

«Todo aquello que el hombre ignora no existe para él. Así, el universo de cada uno se reduce al tamaño de su saber». Durante años vi esta frase atribuida a Albert Einstein, sin embargo, al intentar encontrar su origen, no hallé evidencia confiable de que realmente la haya dicho.
Seguramente conocías la frase, pero traducida al alemán, no existe, ni siquiera algo parecido. Sin embargo, buscando, me topé con otra cita de él, pero distinta y que llamó bastante mi atención. Einstein dijo: «wenn die Menschen nur über das sprächen, was sie begreifen, dann würde es sehr still auf der Welt sein». Traducido al español sería; «si la gente sólo hablara de lo que entiende, el mundo estaría muy tranquilo». Me pregunto, ¿por qué la habrá dicho así?
NUESTRAS PROPIAS TEORÍAS
¿Qué implica conocer o saber sobre una materia? Pregunto, porque muchas veces no saber sobre algo también es una condición involuntaria. Y seguramente por eso, el cerebro compensa lentamente ese vacío, construyendo alguna teoría plausible. Pero no lo hacemos desde la nada, en el vacío. No, nos apoyamos en experiencias vividas y en determinadas prácticas, disposiciones y categorías de pensamiento profundamente nuestras, muy personales, asociadas al contexto que a cada uno le toca habitar, vivir.
Esta experiencia es la que nos hace sentir que «algo» sabemos. Y con ese «algo», —ese saber presunto o simplemente supuesto— funcionamos bastante mejor de lo que imaginamos.

Esto de hablar sobre lo que no sabemos también sucede con la vida cotidiana de las empresas. Es el terreno de lo obvio, algo así como el «orden natural» de las cosas; aquello que, aparentemente, no necesita ser reflexionado.
Hagan la prueba: inviten a tres amigos a comentar sobre un fenómeno molecular o el funcionamiento de una máquina. Lo más probable es que nadie se atreva a decir algo, salvo que alguno sea bioquímico, ingeniero industrial o algo por el estilo. Pero si les preguntan a esas mismas personas qué opinan sobre el liderazgo, la motivación, la cultura de una empresa o la conducta de alguien en la oficina, van a ver todo lo que se desata.
Es cierto, Don Christian, nunca lo puse en esta perspectiva.
Máximo, ¿conoces al sociólogo y filósofo Pierre Bourdieu? Yo no lo conocía y desde que empcé a leerle, mi mirada se enriqueció bastante. Este francés contribuyó a la «ciencias sociales» tanto como Einstein a las «ciencias exactas», aunque ambos sabemos quién es hasta hoy el más popular.
Tenemos una necesidad de posicionarnos y lo hacemos también hablando. Este fenómeno pone en evidencia –sin darnos cuenta– , cómo el sentido común se construye también socialmente. A este fenómeno en particular, el Sr. Bourdieu lo denominó; la ilusión del saber espontáneo. Significa que tendemos a creer que sabemos cómo se vive, y asumimos —sin cuestionarlo— que esa forma es la misma para todos. Desde esta lógica suponemos, que nuestras íntimas nociones
del amor, de la decepción,
del esfuerzo para merecer algo,
del ser honestos mientras otros son corruptos,
incluso de sentirnos los mejores,
es algo idéntico para todos los seres humanos.

Cuando leí sobre este fenómeno por primera vez lo rechacé, me molestó, me hizo sentir muy incómodo, como si yo no fuera lo suficientemente capaz para seguir opinando. Yo también lo hacía sintiendo derecho para hacerlo; no necesito que nadie me explique sobre cómo entender a mis empleados. Mis creencias sobre ella y ellos eran una sola, porque mi cotidianidad productiva siendo un ingeniero recibido en Alemania, me confirmaban.
Es como que el hecho de trabajar te hacía creer que ya sabías que decir, que juzgar. Sin embargo, el trabajo y el esfuerzo en tu clase social, por ejemplo, tienen un sentido totalmente distinto.
Así es, Máximo. Otro ejemplo, otra creencia es el fetiche, el famoso latino que no se esfuerza. El paraguayo que no quiere trabajar, que es impuntual y que es un gran ignorante.
Estos son comentarios que se hacen seguido y parecen insignificantes, sin embargo fueron la condición que habilitó en mí disposiciones durante años y tuvo efectos que me hicieron creer que poseo los recursos, los conocimientos y por sobre todo la autoridad moral para opinar sobre la conducta mi gente.
Juzgaba comportamientos, sacaba conclusiones muy primitivas sobre aquello que en verdad no sabía; complejos sistemas biológicos, respuestas a factores ambientales que las personas resisten psicológicamente, una distinta a la otra y especialmente todas diferente a mí.
Me pongo a pensar y parece hasta una falta de respeto opinar sobre los demás.

NO RESPETABA A LAS CIENCIAS SOCIALES, PORQUE NO LAS CONOCÍA
«Si la gente sólo hablara de lo que entiende, el mundo estaría muy tranquilo». No puedo saber a qué se refirió exactamente el físico alemán con esta frase. Tal vez tampoco siquiera la dijo, pues haberla leído en internet no implica su veracidad. De cualquier manera, puedo constatar –una y otra vez– que con las ciencias exactas nadie se entromete, pero a las ciencias sociales nadie les da el lugar que también merecen.
Y, a pesar de que estas ciencias «blandas» estudian precisamente nuestra complejidad humana —madre de muchos de nuestros desencuentros—, generalmente evitamos sus aportes para comprender la vida cotidiana. Una vida cotidiana que se manifiesta en las lógicas deshonestas de mercado, en las fallas hacia los clientes, en la rotación de personal, en la ficción del líder y en tantas otras situaciones que no nos gustan, pero que, aun así, solemos nombrar y explicar como si fuéramos expertos.
Christian, por qué no se les invita a sus practicantes. ¿A qué se debe?
Cuando involucramos seriamente a las ciencias sociales, nuestros análisis y sus resultados se vuelven muy incómodo. Algunos les llaman aguafiestas a estas ciencias, porque, tomadas en serio, rompen las ilusiones que muchos tenemos sobre la vida, el liderazgo y una Economía asociada a la idea de un mundo mejor.
Ahora que lo mencionas, qué horrible haber estudiado, saber lo que ocurre y no ser invitado a hablar, participar.
Las empresas, las metas de producción, son antes que nada fenómenos sociales ocurriendo en la oficina. Y tengo comprobado que era esto lo que más tarde se traducía en:
la caída de nuestras ventas,
las fallas repetitivas en nuestra producción,
en las llegadas tardías
las ausencias injustificadas.
Observados desde esta perspectiva, estos eventos empezaron a romper las ilusiones que traje desde Alemania para nuestras empresas . Y eso me generó tremendo disgusto y hasta miedo. Por mucho tiempo tuve un rechazo selectivo a cualquier cosa que pueda relacionarse con este tipo de intervenciones.
Y no será este rechazo el que los demás sienten hoy hacia vos, cuando hablas con ellos.
NADIE SE DISPARA A LOS PIES
Esto me dijo un conocido, durante mis funciones de directivo en la Unión Industrial Paraguaya. Porque problematizo nuestras creencias de empresario, de toda la vida. Lo que siempre nos dijeron de ser jefe, gerente, dueño, accionista, cristiano, ahora dado vuelta.
¿Será por eso que evitamos ir al psicólogo y los Economistas invitar a sus colegas?
Le diste en el ojo. La Economía particularmente utiliza información y conocimientos universalizados, evitan pedir miradas desde otros enunciados, como, por ejemplo, una aproximación antropológica que permita comprender la pobreza no solo como falta de ingresos, sino como una experiencia social, cultural y simbólica.
Christian, ¿cómo puedo saber en qué creer? Porque lo tuyo es raro y encontré información que desmiente lo que decís.
Máximo, esto ya me lo dijiste antes. No se trata que tenga la verdad, sino que podamos conversar las verdades de todos. Algo que funcione y emprendamos juntos. Solo eso busco.
Christian Eulerich
PD: Esta es solo mi opinión. Hay temas que, al conversarlos, movilizan nuestras ideologías y nuestras creencias de vida más profundas. Por eso, mis escritos están asociados a la dificultad de plantear lo incómodo de la economía en el contexto de mi entorno socioeconómico. Encontrar personas dispuestas a abordar estos temas no es sencillo. Aquí un 🔗 enlace para registrarte y recibir avisos sobre próximos posteos. Valoro que me hayas leído.



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