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¿ALGO PENDIENTE CON EL DESARROLLO?

  • 23 feb
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 10 mar

Antes que lean estos pensamientos, sepan que soy empresario, tengo 54 años. Un industrial que ha lidiado con lógicas que no funcionan, las mismas que atraviesan mercados y gobiernos que hace tiempo dejaron de garantizar la dignidad humana. ¿Estamos dispuestos a revisar las prácticas que sostienen este fenómeno global? En este blog comparto reflexiones asociadas a este fenómeno.


ESTA IMAGEN LA ENCONTRÉ EN UNA RED SOCIO-DIGITAL. ME RESONÓ MUCHO.
ESTA IMAGEN LA ENCONTRÉ EN UNA RED SOCIO-DIGITAL. ME RESONÓ MUCHO.

¿Seguimos creyendo que nuestro Desarrollo se logrará replicando recetas? Tal vez sea momento de ensayar algo distinto para ese Progreso prometido que, década tras década, nunca termina de alcanzar a todos.

¿Por qué insistimos con lo mismo?

¿Por qué seguimos aferrados a recetas que, en el mejor de los casos, solo funcionan para algunos? Hay muchos motivos por los que no podemos pensar distinto.


Es increíble, porque aún con tantos avances en la neurociencia, todavía se sostiene que el Desarrollo de una nación —e una empresa— depende recetas, aplicadas correctamente. Se ha desmontado hace tiempo la ficción del homo economicus racional, calculador y estable, pero igual seguimos insistiendo con teorías que supuestamente funcionaron en Alemania, Corea o Irlanda.

Países convertidos en modelos replicables a partir de su

  1. Educación técnica

  2. Disciplina fiscal

  3. Apertura comercial

  4. Innovación.


El listado parece claro, ordenado, imitable.

¿Se trata solo de imitar? Parece que no.


ESTAS IDEAS SE REPITEN EN PAÍSES, EMPRESAS, FAMILIAS.
ESTAS IDEAS SE REPITEN EN PAÍSES, EMPRESAS, FAMILIAS.
Don Christian, parece que el cerebro humano no funciona como una planilla de Excel. Los políticos, líderes de todo tipo siguen creyendo que se trata de cargar datos a una caja negra y ya todo funcionará mejor.

Así es, Máximo, pero cuesta aceptar la realidad. Las decisiones del cotidiano en una nación no emergen únicamente de un cálculo «costo–beneficio». Miremos a Europa, incluso protegida y subvencionada por su propia Comunidad Europea, hoy económica y socialmente destruida; vacía de un propósito común.


Lastimosamente no funcionamos mecánicamente, Máximo.

Las naciones, las empresas —y también una reunión— están atravesadas por emociones, sesgos, pertenencias, miedos, identidad, historia. La neurociencia no sólo cuestiona la racionalidad perfecta; ha demostrado que nuestra percepción de bienestar es contextual y comparativa. Entonces, lo que consideramos progreso depende del entorno, del grupo de referencia en el que existimos, de expectativas construidas culturalmente; las tuyas y las mías.


¿Cómo funcionamos?

Aquí comienza la fisura: al decir que algo «funcionó» en otro país, me pregunto, ¿qué significa exactamente funcionar para quien lo dice? Porque, cada palabra tiene significados muy distintos para cada persona.


AMBOS CONTEXTOS TIENEN RAZÓN, DEBERES Y DERECHOS.
AMBOS CONTEXTOS TIENEN RAZÓN, DEBERES Y DERECHOS.

Desde la semántica sabemos que casi no existen sinónimos absolutos:

  1. «Crecimiento» para mí no es exactamente «bienestar» para vos.

  2. «Modernización» para ella no equivale a «dignidad» para él. 

  3. «Competitividad» de un sector no es necesariamente «calidad de vida» de sus participantes.


Entonces, los significados se desplazan según el contexto histórico, cultural, político.


Se dan cuanta como las palabras no solo describen la realidad, también la producen. Cuando el Gobierno Alemán afirma que «estarán mejor», no necesariamente está actuando con mala fe. Quienes lo enuncian pueden hacerlo con convicción genuina. El problema no es moral, es estructural.

Ellas y ellos hablan desde un lugar que ya está definido por el poder.

Y el poder no solo administra recursos: también administra categorías.


Un caso recurrente: decidir que el PBI, la inflación o el riesgo país son los indicadores centrales, no es una operación técnica neutral; es una selección.

Y toda selección deja algo afuera. Cuando ciertos indicadores cuentan como prueba de mejora, otros —más difíciles de cuantificar— pierden legitimidad. Cómo hacemos para medir 

  • la ansiedad social

  • la fragilidad vincular

  • la sensación de futuro

  • la dignidad cotidiana.

Esto no se resuelve con sofisticadas encuestas.


La disputa por el significado de vivir mejor.

Las diferencias en cómo las personas experimentan los efectos del Desarrollo en sus propias vidas son evidentes. El conflicto de intereses radica en la semántica, la sinonimia. Por eso jamás nos pondremos de acuerdo sobre si un irlandés de clase media vive «mejor» que un paraguayo de clase media alta. Y cuando intentemos aclarar, qué entiende cada uno por vivir mejor o peor, lo de uno estará por sobre lo del otro. Ambos sentirán derecho genuino de afirmarlo: 

  • Lo salarios aquí no alcanzan.

  • Ustedes tienen tiempo libre, para descansar.

  • Acá nos sostienen las redes comunitarias.

  • Ustedes son puntuales.

  • Ya ho hay seguridad en Europa. 

  • allá sos un número.

  • El clima es hermoso aquí

  • LAs escuelas y hospitales son buenos.

  • Aqui nadie te valora en el trabajo.

  • Allá tampoco peor.


He escuchado tantas veces en mi vida al Europeo que elogia al latino y el latino que nada sabe de vivir como trabajador en una fábrica alemana. El latino que vive allá queda atrapado en su modernidad, competitividad y tecnologías. Pero la historia de los europeos, sus cotidianeidad revela hace tiempo otros disgustos y estos no tiene que ver con ser personas difíciles de satisfacer. No lo creo. Tiene que ver con la autoridad, la buena fe de políticos, economistas, empresarios destruyendo la vida de muchas personas. 


Entonces me pregunto, ¿quién tiene la autoridad para fijar el significado de «progreso», sus categorías? 

¿El economista? 

¿El político? 

¿El organismo internacional? 

¿Nosotros empresarios?

Pues somos nosotros cuatro los que hasta hoy lo hacemos y supuestamente con ayuda de todos. Entiendo la buena intención, pero no funciona para todos y el mundo ya no lo disimula.

Te pregunto, ¿podríamos alguna vez ser también nosotros —con nuestra experiencia, dolores y discriminación—, participar?, porque finalmente somos mayoría en este mundo.

No se que responderte, Máximo. Yo me pregunto, podemos algunas vez ver a los demás como oportunidad y no como opositores. 

Creo que el conflicto no es que aplicamos las recetas equivocadas, sino que nunca discutimos el lenguaje con el que medimos la vida de los demás.

Don Christian, no te enojes, pero cómo puedo saber en qué creer. Porque lo tuyo es raro de leer y encontré información que desmiente lo que decís.

Máximo, esto ya me lo dijiste antes. Siempre habrán encuestas, papers, premios, relatos para lo que vos prefieras creer de este mundo, de vos mismo. Además, no se trata que tenga la verdad, sino que podamos conversar verdades donde todos quepamos. Algo que funcione y emprendamos juntos. Eso busco.


Creo que re-entender la Economía como un sistema vivo es recuperar su dimensión humana, social y profundamente relacional.



Christian Eulerich

PD: Esta es solo mi opinión. Hay temas que, al conversarlos, movilizan nuestras ideologías y nuestras creencias de vida más profundas. Por eso, mis escritos están asociados a la dificultad de plantear lo incómodo de la economía en el contexto de mi entorno socioeconómico. Encontrar personas dispuestas a abordar estos temas no es sencillo. Aquí un 🔗 enlace para registrarte y recibir avisos sobre próximos posteos. Valoro que me hayas leído.






 
 
 

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Christian Eulerich

Asunción, Paraguay - 2026

Este sitio web resulta de lo difícil que es conversar sobre el Desarrollo Humano desde preguntas y agendas distintas. Hoy me pregunto, ¿existen otras formas de Progreso?

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