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EL PROGRESO, ¿ES UN ACTO DE VOLUNTAD MANCOMUNADA?

  • 26 nov 2025
  • 3 min de lectura

Actualizado: 23 may

Antes de leerme, sepan que escribo como alguien que lleva 36 años de su vida dentro del mundo empresarial e industrial. Me cansé de oir fórmulas, recetas y modelos que prometen soluciones sin revisar las prácticas que nos trajeron hasta acá. Por eso, este blog no busca dar respuestas cerradas, sino abrir conversaciones sobre aquello que muchas veces evitamos mirar.

«USTED SABE MEJOR QUE NOSOTROS, DON CARLOS»
«USTED SABE MEJOR QUE NOSOTROS, DON CARLOS»

La creencia de que el progreso depende de la voluntad está profundamente instalada en nuestras sociedades. Nos enseñaron que algunos países avanzan porque su gente «quiere progresar», mientras otros fracasan porque no se esfuerzan lo suficiente. Pero distintas miradas desde la antropología, la arqueología y la primatología muestran algo más incómodo: el desarrollo no nace solo de la voluntad individual, sino del tipo de relaciones que una sociedad organiza, permite y reproduce.


Nos pueden seguir proponiendo fabulosos planes de gobierno, traer a los mejores líderes o replicar los mejores modelos organizacionales, las cosas no mejoran ni en el llamdo «primer mundo». Basta con mirar hoy a Alemania, a Francia, a Europa en general.


¿Sabías que algún vez existieron sociedades de tipo colaborativo? Y no lo fueron porque sus personas fueran «más buenas». Ocurrió porque estaban diseñadas de tal manera que el poder se distribuía mejor, las voces tenían lugar y nadie era dueño de verdades absolutas. Esto no significa que todos seamos iguales, ni que no puedan existir jefes, roles o responsabilidades distintas. Ojo con esto.

Don Christian, entonces hay evidencia de que la estructura en la que vivimos moldea nuestro comportamiento, y no solamente al revés.

Así es, Máximo. Aunque muchas reflexiones como esta se intenten llevar rápidamente hacia debates ideológicos sobre igualdad, no es eso de lo que estoy hablando. Lo que intento señalar es otra cosa: la inercia de nuestros pensamientos es feroz. Las organizaciones, sus líderes y muchos de nosotros seguimos creyendo que la colaboración, la productividad y el bienestar laboral dependen del:

  • temple individual,

  • del carácter,

  • de la motivación,

  • de Talento Humano,

  • de un contrato,

  • o de un protocolo.


Llevo años conversando estos asuntos y veo algo mucho más profundo que todavía nos cuesta mirar: los modelos en los que convivimos diariamente determinan bastante lo que somos. Y, especialmente, también producen mucho de aquello que después decimos no soportar. Los modelos de liderazgo que nos venden como armónicos, al mismo tiempo son tremendamente verticalistas. Están centrados en el control, el heroísmo y la eterna figura de quien «sabe más que los otros». Así las organizaciones y los Estados seguimos produciendo los mismos resultados relacionales.

¿Relacionales?

Sí, relacionales. Porque nuestro cerebro no es, ante todo, un sistema de pensamiento racional, sino profundamente relacional. Lo desgarrador de este fenómeno es que estamos llenos;

  • de entrenamientos,

  • capacitaciones

  • y discursos que siguen reforzando estos mismos modelos.


Sospecho que nada podrá ser distinto mientras sigamos comprendiendo el cambio desde la misma matriz cultural que lo evita.


Y en esto de no poder «pensarnos distinto» se encuentra el sector privado y también el público. Tantos movimientos políticos, planes de gobierno que no nos llevan a ningún lugar mejor. Lo que puede cambiar el comportamiento de las personas no es un discurso motivacional ni la planificación estratégica, sino el diseño de relaciones, de responsabilidades y de poder. Solo cuando transformamos esta arquitectura relacional podrá iniciar algo distinto:


  1. La colaboración con formas muy distintas.

  2. Empleos y naciones con sentido para sus habitantes.

  3. La posibilidad de un progreso mucho más amplio.

  4. Vínculos distintos, tal vez más honestos.

  5. El Desarrollo Humano con un sentido distinto.

No te enojes, pero cómo puedo saber en qué creer. Porque lo tuyo es raro de leer y encontré información que lo desmiente, Christian.

Máximo, esto ya me lo dijiste antes. Siempre habrán encuestas, papers, premios, relatos para lo que vos prefieras creer del mundo, de vos mismo. Además, no se trata que tenga la verdad, sino que podamos conversar verdades donde todos quepamos. Algo que funcione y emprendamos juntos. Eso busco.


Christian Eulerich

 

PD: Esta es solo mi opinión. Hay temas que, al conversarlos, movilizan nuestras ideologías y nuestras creencias de vida más profundas. Por eso, mis escritos están asociados a la dificultad de plantear lo incómodo de la economía en el contexto de mi entorno socioeconómico. Encontrar personas dispuestas a abordar estos temas no es sencillo. Aquí un 🔗 enlace para registrarte y recibir avisos sobre próximos posteos. Valoro que me hayas leído.




 
 
 

2 comentarios

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Invitado
19 dic 2025

las comunidades primitivas progresaron a partir de un liderazgo invisible, alguna deidad o deidades que regían tacitamente sobre ellos y los motivaba a trabajar por el bien común que inexorablemente se convertía en el bien propio. Todo vuelve?. FD

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Invitado
26 nov 2025
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

La arquitectura Organizacional, debemos de trabajar sobre eso, para ver la próxima generación cambiada.. enseñar los distintos tipos de capitales,, y la forma de obtenerlo

Christian Smith

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Ancla 1
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