LA ILUSIÓN DE SER EL CENTRO
- 16 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 23 feb
Desde hace un tiempo percibo un fenómeno: en la convivencia, las personas tendemos a colocar nuestra experiencia como la más valiosa, la más importante, la más relevante. ¿Por qué lo hacemos?

Antes que lean estos pensamientos, sepan que soy empresario, tengo 54 años. Un industrial que ha lidiado con lógicas que no funcionan, las mismas que atraviesan mercados y gobiernos que hace tiempo dejaron de garantizar la dignidad humana. ¿Estamos dispuestos a revisar las prácticas que sostienen este fenómeno global? En este blog comparto reflexiones asociadas a este fenómeno.
El monólogo disfrazado de diálogo
Parece que la historia de cada uno pide, respetuosamente, ser el centro del escenario, invisibilizando lo que ocurre a nuestro al lado: otras historias, igualmente intensas y significativas. Esta ilusión de ser especiales, de creernos líderes o salvadores, se refuerza cuando conversamos con personas similares a nosotros. Al compartir vivencias con quienes piensan parecido, nada se transforma. De esta manera cada uno confirma su propia «visión del mundo» como la única válida y verdadera.
Este fenómeno se volvió aún más complejo cuando comprendí que también lo hacía y nunca desde una mala fe. Es decir, yo no buscaba imponer desde la maldad: buscaba acompañar, poner en perspectiva, dar sentido a lo que creía comprender de los demás. Sin embargo, puede comprobar que el efecto solía ser el contrario al esperado por mí. Lo que estuve haciendo, en realidad, fue la reiteración de lo mismo de siempre. Funcionaba como amplificador de sonido de un automóvil, con un ecualizador ajustado a lo propio, silenciando lo ajeno.
La fábula de la mesa larga
Había una gran mesa en un pueblo, donde cada día se servía la comida. Los de la cabecera siempre hablaban primero. Sus voces eran tan fuerte y claras que los demás escuchaban atentos. Con los años, los comensales llegaron a creer que lo que algunos –desde las cabeceras– decían era lo único que mantenía en pie aquella mesa. Un día, alguien se animó y decidió escuchar también a los del fondo, a los que nunca hablaban, a los que solo comían. Entonces, rápidamente, los de la cabecera dijeron: «Ya no nos escuchan como antes».
En realidad, estaba ocurriendo otra cosa: ellas y ellos seguían siendo escuchados, pero ya no eran los únicos. La mesa no había cambiado; lo que cambió fue la dirección de la escucha.

Contradicciones en una mesa que no cambia
Cada vez que propongo escuchar más allá de los mismos de siempre, aparece algo interesante que me dicen frecuentemente.
Christian, primero tenes que entenderte con los cercanos a vos.
Esto me dicen, no como invitación al diálogo, sino como requisito. La apertura queda así supeditada a la armonía, y la escucha, convertida en premio.
¿Se dan cuenta? No se me pidió ampliar la mesa, sino ordenarla mejor.
Que las diferencias no desborden, que el desacuerdo no haga nunca tanto ruido.
Entonces la mesa siguió intacta; los lugares también. Lo único que cambió fue el argumento. Uno nuevo, lo suficientemente razonable como para no mover nada.
Creo que una nueva escucha no consiste en repetir la atención hacia quienes siempre hablaron, sino en abrir espacio a voces que históricamente quedaron fuera del centro. Reconocer eso puede doler, porque quienes siempre fueron escuchados sienten, de pronto, que el foco se ha corrido.
Tal vez ahí esté justamente el cambio: la escucha deja de ser un privilegio de unos pocos para volverse una posibilidad compartida.
El desafío
Quizá ahí resida una alternativa posible para todos: aceptar que lo que creemos central es apenas una perspectiva entre muchas. Y que solo cuando dejamos de competir por la primacía de nuestro dolor o de nuestra verdad, podemos empezar a encontrarnos de manera nunca antes pensadas.
Don Christian, no te enojes, pero cómo puedo saber en qué creer. Porque lo tuyo es raro de leer y encontré información que desmiente lo que decís.
Máximo, esto ya me lo dijiste antes. Siempre habrán encuestas, papers, premios, relatos para lo que vos prefieras creer de este mundo, de vos mismo. Además, no se trata que tenga la verdad, sino que podamos conversar verdades donde todos quepamos. Algo que funcione y emprendamos juntos. Eso busco.
Creo que re-entender la Economía como un sistema vivo es recuperar su dimensión humana, social y profundamente relacional.
Christian Eulerich
PD: Esta es solo mi opinión. Hay temas que, al conversarlos, movilizan nuestras ideologías y nuestras creencias de vida más profundas. Por eso, mis escritos están asociados a la dificultad de plantear lo incómodo de la economía en el contexto de mi entorno socioeconómico. Encontrar personas dispuestas a abordar estos temas no es sencillo. Aquí un 🔗 enlace para registrarte y recibir avisos sobre próximos posteos. Valoro que me hayas leído.

Buenas CEZ, en la pagina la palabra Home a que hace referencia?