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¿EXISTE EL LÍDER QUE SALVA?

  • 10 jun 2025
  • 4 min de lectura

Actualizado: 5 jun

Antes de empezar les comparto que soy un empresarioindustrial, y después de años lidiando con modelos que no funcionan, estoy cansado. Cansado de mercados, estados y gobiernos establecidos que hace tiempo dejaron de garantizar la dignidad humana. ¿Estamos dispuestos a revisar nuestras ideologías, prácticas económicas y organizacionales asociadas a este fenómeno?

Unas montaña alta. Arriba un jefe que es individualista y no ayuda.

¿Por qué seguimos esperando que alguien venga a salvarnos? ¿Qué nos pasa, como sociedad, cuando depositamos en una sola persona la esperanza de resolver aquello que no logramos construir entre todos?


Yo también creí en esa ilusión. Como ciudadano y votante, esperé durante años al presidente que algún día rescataría a Paraguay. Y en el mundo empresarial —lo digo con incomodidad— también me ubiqué, sin advertirlo del todo, en ese lugar: el del líder que debía orientar, empujar, inspirar o conducir a otros en nuestra empresa. Hoy me resulta fuerte reconocerlo.

Don Christian, ¿qué pasaría si el mérito dejara de ser individual y empezáramos a ver como algo que también se produce entre todos?

Es una gran pregunta, Máximo. Parece simple, pero cuesta imaginarla, porque casi todo lo que aprendimos nos empuja en la dirección contraria. Mirá, por ejemplo, la imagen de arriba —la encontré en LinkedIn—. Allí aparece una comparación muy conocida: al jefe se lo destruye y al líder se lo celebra. Pero, si miramos con más cuidado, tal vez el problema no sea solo cambiar un jefe por un líder. Tal vez el problema sea que seguimos necesitando ubicar a alguien arriba.

Sí, he visto cientos de imágenes así. Es llamativo cómo aprendemos a creer en algo que hace siglos no resuelve lo que promete resolver. Pero, al menos, nos da esperanza, ¿no te parece?

Sí, Máximo. Tal vez por eso seguimos ahí. No porque el liderazgo funcione tan bien, sino porque nos tranquiliza imaginar que alguien sabe hacia dónde ir.

El problema no es que existan personas capaces de orientar, coordinar o asumir responsabilidades. El problema es cuando esa función se convierte en una superioridad. Cuando empezamos a creer que algunos ven más, pueden más, merecen más y, por eso, deben conducir a los demás.


Ahí el liderazgo deja de ser una tarea y se vuelve una creencia.

Una creencia que organiza empresas, gobiernos, familias y hasta nuestras formas de admirar. Se apoya en el mérito individual: en la idea de que cada persona llega —o no llega— según su esfuerzo, su talento y su responsabilidad.

Y al mismo tiempo instala otra promesa: que serán ellos, los líderes, quienes finalmente nos saquen adelante. Definitivamente ya no creo que esa lógica sea casual; nos la enseñan desde muy temprano.


Un líder de traje, liderando, gritando junto a sus trabajadores.
UN BUEN LÍDER PARECE QUE SIEMPRE ESTÁ BIEN VESTIDO.
¿Por qué seguimos en lo mismo, Don Christian?

Tal vez porque me seguís diciendo «Don Christian». Eso ya nos dice algo. Lo tenés incorporado sin darte cuenta, como nos pasa a casi todos, no importa si estamos en Paraguay, Namibia o Alemania. Y segundo, porque esta forma de entender el mundo y el trabajo cumple una función muy concreta: permite responsabilizar a las personas por sus fracasos, como si todo dependiera únicamente de algunos: ellos, los líderes buenos y los malos.

¿Cómo?, no entiendo.

Sí, porque esa mirada nos distrae de los problemas estructurales: de las condiciones reales que hacen que muchos fracasen, mientras otros pueden volver a empezar una y otra vez. Por ejemplo, yo.

Desde hace siglos, el liderazgo promueve una forma de conducta competitiva, aislada e individualista. Y esa conducta encaja muy bien con los modelos que ya conocemos: la economía, la democracia, las redes socio-digitales, el coaching y mucho más.

Por qué decís aislada, siendo que los líderes se juntan con sus seguidores.

Claro, yo también lo hacía. Para liderar, encaminar o inspirar, te juntas con otros.

Pero hay otra capa. Para formarte como ese líder, para reforzar esa creencia en vos mismo, te separan. Te juntan con otros que también se piensan líderes.

Es una especie de círculo cerrado —bien intencionado, incluso atractivo y certificado—, donde terminamos mirándonos entre nosotros y validándonos.

Y en esos espacios, ya te imaginas que el mundo se explica de una sola manera...


Pensemos en dos «Martín»:

Martin Luther King Jr.

Martín Lutero


Ambos desafiaron verdades hegemónicas. Hicieron esfuerzos enormes y asumieron riesgos reales. Sin embargo, con el tiempo, también fueron convertidos en estatuas, nombres de calles y emblemas.


No voy a extenderme aquí sobre cómo el racismo sigue avanzando, ni sobre cómo muchas historias de la Iglesia Católica Apostólica Romana continúan igual o incluso peor.

Pero hay algo que sí me interesa mirar: ¿qué ocurre cuando una transformación queda demasiado asociada a una figura¿

No entiendo.

Lo que quiero decir es esto: cuando todo queda demasiado concentrado en la figura del líder, lo «de todos» no siempre queda fortalecido: la persona desaparece, pero la estructura que la produjo generalmente sigue igual. Entonces sobreviven los símbolos:

  • la estatua,

  • la calle,

  • una frase de su autoría,

  • la conmemoración.


Pero no necesariamente sobrevive la fuerza colectiva que hizo posible ese movimiento.

Ciertamente ambos movieron multitudes, eso es indudable, pero esos movimientos no siempre lograron construir formas suficientemente horizontales, sostenibles y cotidianas como para seguir transformando la realidad sin depender de ellos.

Entonces, lo que no se construye con otros, desde lo cotidiano y en plural, termina desmoronándose… o queda atrapado en la lógica del poder.

Sí, algo de eso pasa, Máximo.

Don Christian, no te enojes, pero cómo sé qué creer. Lo que decís es raro de leer, y también encontré información que lo contradice.

No me enojo, Máximo. Y no es la primera vez que me lo decís. Siempre vas a encontrar datos, estudios, premios o relatos que respalden casi cualquier forma de ver el mundo… incluida la mía o la tuya.

Pero no se trata de que yo tenga la verdad. Creo que también se trata de si podemos sostener conversaciones donde quepamos todos. De si lo que pensamos nos permite construir algo juntos… y que eso, en la práctica, funcione.

Eso es lo que estoy buscando.


Christian Eulerich

 


PD: Esta es solo mi opinión. Hay temas que, al conversarlos, movilizan nuestras ideologías y nuestras creencias de vida más profundas. Por eso, mis escritos están asociados a la dificultad de plantear lo incómodo de la economía en el contexto de mi entorno socioeconómico. Encontrar personas dispuestas a abordar estos temas no es sencillo. Aquí un 🔗 enlace para registrarte y recibir avisos sobre próximos posteos. Valoro que me hayas leído.


 
 
 

2 comentarios

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Invitado
10 jun 2025
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Desde inicios de la humanidad se viene esperando por un líder que nos guíe y nos salve ¿la religión es también una doctrina que nos induce e a someternos? Yo creo que si por eso esperamos a un salvador nos inculcan qué si llevamos una vida de pobreza y sufrimientos seremos recompensados con el paraíso cuando dejemos este mundo terrenal, esto se viene repitiendo en el plano social donde esperamos que un líder político sea de izquierdas o derechas nos libere del yugo qué nos somete hace años, lo mismo esperamos en el plano laboral que venga un líder a inspirarnos y que solucione todos nuestros problemas

"El hombre-masa cree en lo que otros le dicen y lo hacen ciegamente"…

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Christian Eulerich
Christian Eulerich
10 jun 2025
Contestando a

Gracias por tomarte el tiempo de escribir, dar tu opinión, es valioso para mí.

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Ancla 1
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